Venezuela: ¡La gran batalla del 2017! ¡Y la perdimos!
Los últimos días de Pablo, en Venezuela. No lo sabía, no se enteró hasta una semana antes de partir.
La batalla empezó, con toda propiedad, en abril 2017 y se extendió hasta finales de julio. Se libró a todo lo ancho y largo del país, fueron 4 meses vividos muy intensamente por todos los Venezolanos. Barricadas en las calles de toda Venezuela, en cada ciudad, en cada sector. A diferencia de la batalla del 2014, ésta incorporó a grandes sectores populares. Y empezaron los caídos, primero 1,.... 10,….. 20,.... Este gobierno no aguanta 100 caídos, pensaba Pablo.
A nuestros allegados no les gustaba ese presagio. No les gustaba que se pensara que podrían llegar a ser 100 o más, las muertes en acción. Pero sucedió. Pablo no se enteró de la cifra exacta, para el mes de julio supuso que se contaban alrededor de 150 fallecidos en acción. Creo que se quedó muy corto.
Pero los Venezolanos estábamos decididos. Enarbolando la bandera de los derechos democráticos, fuimos a un referéndum el día 16 de julio 2017. Más de 5 millones de Venezolanos participamos en el proceso, solicitando elecciones libres y un gobierno de unión nacional para la reconstrucción del país. Fue una gran victoria democrática.
Pero nuestras fuerzas armadas no lo vieron así.
En lo que Pablo consideró un acto de traición a la patria, inmoral e imperdonable, las fuerzas armadas venezolanas se plegaron al régimen que pisoteaba al país y avalaron la promulgación, a todas luces ilegal e inconstitucional, de una asamblea nacional constituyente chavista y PSUVista.
Una batalla que se creía ganada para el 16 de julio, fue vilmente ultrajada el 30 de julio. ¡Que amargo final!
¡Prohibido olvidar!
En el caso de Pablo, fundador de una empresa dedicada a la comercialización de materiales de construcción y de ferretería, empresa de prestigio y con un alcance local de 7 kilómetros a su alrededor, conjuntamente con sus empresas hermanas, una distribuidora de repuestos para motocicletas a nivel nacional, otra, distribuidora de productos de consumo para puestos de comida rápida y otra, distribuidora de agua potable, quienes ya venían siendo duramente golpeadas por los “matraqueos” oficiales, los colectivos chavistas y el hampa común, pues, cerraron sus puertas.
Pablo, frente a los insultos y amenazas de todo tipo, sobre todo en horas de la madrugada, optó por emigrar. Para el 16 de julio no estaba en sus planes dejar su casa y sus negocios. Ya, para el 25 de julio, estaba buscando boleto para Chile.
Así fueron sus últimos días en Venezuela.
Todos tenemos una última historia en Venezuela. Esta fue la de Pablo. Puedes compartir la tuya si lo deseas.